miércoles, 2 de noviembre de 2016

La maestra Glori

En esta nueva entrada, Mari pone voz a Glori, una de las maestras que tuvo nuestro pueblo. Ambas, nacieron en el pueblo vecino de Rojas, y también eligieron la enseñanza como medio de vida.  Glori fue apoyada por su familia y por doña Feli, la maestra de Rojas en aquella época, según nos cuenta su hermana.



Glori fue una maestra con formación. Estuvo interna en el colegio de concepcionistas y recibió clases en la Escuela Normal de Magisterio de Burgos. Era muy estudiosa y aprobó a la primera la oposición. Donde más creció profesionalmente fue en Gipuzkoa, donde hizo muchos cursos, entre ellos uno sobre dar matemáticas de octavo. Antiguamente, los cursos estaban divididos de diferente manera; se empezaba la escuela a los seis y se estaba hasta los catorce; cuando conseguías el graduado escolar. Cuando terminó, pidió trabajar en el colegio de Piérnigas, donde estuvo durante un año, aunque finalmente se quedó en Rublacedo. El colegio estaba en la conocida como "casavilla", que a la vez era ayuntamiento. Actualmente es la casa de Marimar García y Toni Quintas.



En aquella época, si el pueblo ofrecía casa se quedaban allí, de lo contrario iban y volvían a su casa o se buscaban una patrona, a la que pagaban. En el caso de Piérnigas, se ofrecía vivienda, la casa de la maestra (en la que actualmente vive nuestra vecina Milagros); pero su hermana confiesa que iba poco porque la difunta Conce la llamaba mucho para que fuese a su casa.


Glori en Piérnigas estaba muy agusto, la invitaban a cenar en las casas de los vecinos del pueblo, la daban productos de la huerta, etc. También iba con los niños a pedir casa por casa para hacer una merienda con lo que hubiesen conseguido.

Los niños iban todos juntos pero tenían diferentes contenidos; para los chicos las matemáticas y la costura para las chicas. Entonces las niñas eran más habilidosas y los niños más trastos, pero el tiempo que estuvo se encontró a unos niños aplicados. Trabajaba mucho los mapas mudos y las matemáticas, porque ella pensaba que les abría la mente de una forma especial. Además, en aquella época se primaba mucho la religión. A las noches en la escuela se podían hacer “permanencias”; los niños pagaban algo de dinero y el maestro les seguía dando clase. Además, los niños se debían comprar sus enciclopedias. Había dos: una de ellas no tenía más que definiciones y la otra tenía los conocimientos más desarrollados. En la siguiente imagen vemos a Glori, la señora con gafas de sol, junto a los niños del pueblo.


Mari nos cuenta que ella estuvo primero en Cubo de Bureba, después fue al colegio de las monjas de Villarcayo. Recuerda cuando se fueron cerrando las escuelas. Hubo una política dura, en la que se pensó que los niños estaban mejor concentrados en una escuela, pero Mari no fue nunca partidaria porque quitó mucha vida a los pueblos. Ella reconoce que era difícil mantenerlas abiertas por los costes pero defiende que fue más costoso trasladar a un niño del pueblo a Briviesca, darle allí de comer… así como el coste psicológico y social.