viernes, 7 de septiembre de 2012

La escuela de Piérnigas



De izquierda a derecha tenemos a Antonia Arnaiz, Asunción Rebollo, María Ortega y Concepción Ortega. Estas cuatro pierniguesas hablaron de cuando estudiaban en la escuela de Piérnigas, de cuando tenían que cantar el “Cara al Sol” los cuarenta niños y niñas que había y cuando se juntaban para hacer Guirlache en la estufa con azúcar (una especie de Turrón).
 
 
También contaron como delante de la escuela venían unos títeres con un Orangután; se reunía todo el pueblo a ver el espectáculo.
Entre las actividades que hacían en clase, se acordaron de la obra “El Quijote” que era uno de los pocos libros que tenían. Además, dentro de clase tenían un mapa físico de España y los pupitres tenían un recipiente para poner la tinta con la que escribían con sus plumas. En las siguientes fotos aparecen Ramón, Ángel y Pilar.
Una vez al año toda la escuela iba al santuario de Santa Casilda cantando  “a Santa Casilda alegres vamos entonando con amor…”
Con una sonrisilla entre los dientes, recordaron la travesura que hicieron de pequeñas, cuando un niño de la clase pintó a la maestra de entonces (Doña María, la cual se metió a monja de clausura a los cuarenta años) con pelos de loca y a los últimos de la clase que se quedaron a barrer les castigaron por no decir quien había sido.
Al salir de la escuela cantaban “José Antonio ya se van los pastores a la Extremadura, ya se queda la Sierra triste y oscura…” así como otras canciones como “a mi burra a mi burra no le duele la cabeza, el médico le ha dicho…”. A su salida, la madre de Concepción y María las guardaba un tazón de cuajada, pues su familia, como en todas las demás tenían ganado.
 



Más tarde, Aurelio Rebollo con alegría contó cómo él también pasó su infancia en la escuela de Piérnigas. Tal y como dijo, el empezó a asistir a clase a los siete años en 1951 y terminó a los catorce. En la escuela eran unos cuarenta y cinco niños y niñas, y como solo había una maestra (Margarita Contreras) solo había una clase donde se juntaban niños de todas las edades y géneros. Dicha profesora vivía en la casa que está junto a la bolera (ya en desuso) donde ahora veranea la pierniguesa Milagros. A la escuela tenían que asistir de diez a una de la mañana y después de tres a seis. También contaba con anelo que les daban de desayunar en la escuela un tazón de leche en polvo con queso amarillo de Holanda.
Durante el recreo, que duraba media hora, jugaban a diversos juegos como “La ranilla”, o al “esconderite”, donde muchos niños y niñas elegían como escondite el corral rojo que hay detrás de la iglesia de arriba.
En la escuela daban todo tipo de asignaturas (Historia, Geografía…) y cada alumno usaban una enciclopedia, que era el único libro que necesitaban. Aurelio hizo hincapié en la asignatura de Religión, ya que era la asignatura con la que preparaban el teatro para navidades, donde generalmente representaban el nacimiento de Jesús; su papel era el de pastorcillo. Además, bajaban una vez a la semana a rezar a la iglesia. También contaba como cada niño tenía que llevar un trozo de leña para calentar la clase en invierno e incluso el agua de la fuente, pues en aquella época no tenían agua en la escuela. A parte, algún día que otro tomaban chocolate caliente.
Por otro lado, contaba como aún estando estudiando, cuando salían de la escuela tenían que ir a ayudar a sus padres con el ganado, el campo…


2 comentarios:

ZáLeZ dijo...

Curiosas anécdotas del pasado-
Imagino que doña María no se metería monja por la travesura aquella....
Saludos,

María José dijo...

Me ha encantado el relato. Y ver a los vecinos en las fotos me ha emocionado.No soy pierniguesa, pero ya sabeis que me siento como tal. Pronto nos vemos.Un beso desde Castelldefels.